
Imagínese usted
La serenidad surca mis pupilas,
rozando ese pensamiento con calma,
oír las voces urgidas del alma
que vuelan al vacío como águilas.
Imagínese usted, esas tranquilas
presunciones albergando su palma
rosando con furor, toda su ensalma
deteniendo esas horas que hacen filas...
Para retener con celo esas ansias,
que eternamente son madrugadoras
y osadas que actúan como ofensoras.
Que a la vez son tan lúcidas y necias
que parten el venir de las distancias
de mis extrañas mañas evasoras.
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