BITÁCORA DE UN AMOR
Él era así,
sentimental, benévolo,
todo un caballero,
con espadas y alarde,
no veía el tiempo,
ni las horas corridas
sólo el momento
para amarme todos los días.
Él tenía su mundo,
yo el mío
ambos éramos superiores
a nuestras fantasías
pero aún así vivíamos
en la inherente prueba del amor.
No nos atraía el físico,
ni lo que nos rodeaba
sólo nuestro amor,
lo que vivíamos a nuestro juicio,
y fundamos una historia,
un instante,
un ciclo acoplado
con las vivencias de la vida.
Con el tiempo dejo de ser
ese doncel,
pero jamás cambio su amor
aunque ahora es un dilema
su sentimiento efímero
y compás.
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